Según muchos estudios realizados a países con esta problemática, se llegó a la conclusión de que los jóvenes llegaron a tal punto de desespero, que no se quedaron lamentando su suerte, y buscaron la mejor opción de trabajo y ganancia, a pesar de saber que no es un trabajo decente. No les importa que no tengan seguridad en el empleo, salario justo, seguridad en el lugar de trabajo, seguridad social y protección para sus familiares. Renuncian a todo menos a sobrevivir. En sentido literal y figurado “están a la intemperie”. Cada vez más jóvenes se van a la economía informal. ¿Y cómo no? Cada año se deben crear un millón 200 mil empleos para absorber a quienes se podrían incorporar a laborar; en 2002 se generaron 62 mil empleos formales; en 2005, alrededor de 500 mil, de manera que el déficit de empleo que venimos arrastrando es gigantesco. Los jóvenes de entre 17 y 24 años tienen entre tres y cuatro veces más posibilidades de estar en el desempleo que los adultos, llegando a formar parte de la economía informal, la cual es una actividad que sin ser de criminales, tampoco está totalmente registrada por el Estado.

Por último es muy importante conocer el desempeño que los jóvenes hacen dentro de esta población identificada, pues son ellos los responsables de un cambio radical que acabe con los problemas nacionales como lo es la economía informal.