Hoy, y a pesar del dolor que me ha causado conocer las injusticias con los ancianos de bajos recuerdos en nuestro país, decidí salir a las calles de Siloe para entregarles a dos mayores de edad, un mercado dotado de todos los implementos necesarios para comer bien por un mes completo. La misión no fue difícil de cumplir. Solo bastó con llegar en las horas de la tarde para encontrarme con casos sorprendentes de mucho dolor. La primera afortunada, fue una señora llamada Julia Mercedes, la cual estaba sentada sola y algo elevada en un muro cercano a la calle. Al entregarle el mercado una sonrisa se plasmó en su cara, y con un tono de vos muy agradable me dio las gracias en repetidas ocasiones. Sin necesidad de preguntarle nada, me contó que vivía con una hermana que estaba muy enferma y era mayor que ella. No le pregunté por su edad, pero podría calcular que tenía unos 75 años. Después, al despedirse de mi, me aseguró que podía encontrarla cuando quisiera en ese mismo muro de color café, ya que se le notaba lo importante que había sido para ella esa ayuda. La segunda persona también fue una mujer llamada Gloria Inés la cual se encontraba parada en el andén hablando con un niño. Al entregarle el mercado la mujer se sintió muy agradecida y me afirmó que ese tipo de cosas no se veían muy a menudo. Me contó que vivía con su hijo de 22 años y me aseguró tener 71 años de edad. Al despedirse me rogó que no me olvidara de los necesitados y que rezaría por mis buena intenciones.

Al hacer este tipo de cosas me resultó muy gratificante para mi corazón, y desearía poder hacerlo más seguido, pues es una manera muy especial de ayudar a quienes no cuentan con una vida digna y buena. También me di cuenta que muchas personas no tienen cómo salir adelante, pues muchas de ella, como los ancianos, necesitan de mucha colaboración. Por eso pienso que es importante reflexionar y darnos cuenta como ciudadanos, que existe gente afuera que nos necesita de verdad.

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